martes, 29 de junio de 2010

MACBETH IMÁGENES*


“Macbeth imágenes”. De Rodrigo García. Dirección: Adolfo Simón. Intérprete: Vicent Gavara. Escenografía: Carlos Vicente Abad. Iluminación: Rocío Osuna. Producción: Takarabia/Dante. Madrid. Sala Mirador. 17-5-1999.

La metáfora culinaria es un buen ejemplo de la dramaticidad. Por muy excelentes que sean los ingredientes de un guiso, si no se le aplica el fuego correspondiente, el resultado será incomestible. Los trabajos de Rodrigo García suelen presentar siempre alguna referencia a estas cocinas, como "símbolo" de la mente creadora del artista; en sus escenarios siempre hay alguna cacerola. Aunque a mi parecer, García siempre se olvida de encender el fuego.
Sus propuestas escénicas suelen ser tildadas de vanguardistas, porque intentan conciliar un referente del mundo de las artes plásticas, junto con cierta reivindicación de la negación del lenguaje que sostienen algunas vanguardias radicales, de hace un siglo. Sin embargo, en las obras de García, se dicen muchas palabras, con un registro de percepción nada automático, sino quizás más cercano a cierta expresión poética y desgarrada de su visión personal del mundo. El trabajo de los actores convocados, siempre apunta a dar corporalidad al pensamiento del autor; no existen personajes en estas piezas, no hay contradicciones, no hay dialéctica, no hay conclusión o debate alguno en el que pueda aflorar la vida, o participar el público. Sólo impera una sola idea: la mente del autor.
Adolfo Simón ha dirigido esta obra como si lo hubiera hecho el mismo García, no hay un ápice original en la puesta en escena, que no esté previsto por el espectador que conozca los trabajos de "La Carnicería". En cuanto a la plasticidad del espectáculo, el mejor momento llega, cuando el único actor cae contra una pared donde está instalada la manguera y el extintor de incendios del teatro. La contundencia industrial de estos objetos, pone en evidencia la debilidad plástica de todo el "cosario" cutre y de desecho que se ha repartido por el escenario. También las vanguardias le daban una gran importancia a la investigación del movimiento, algo que ni se "huele" en esta aburrida representación.
En cualquier caso, el trabajo de García tiene una virtud, la de ir convirtiéndose en una cáscara cada vez más grande, que no contiene nada; y que demuestra la habilidad de "sostenerse", a pesar de no estar apoyada en ningún punto.

* Esta crítica fue publicada en El Cultural

No hay comentarios:

Publicar un comentario