domingo, 20 de junio de 2010

LA DUDOSA MORALIDAD DEL GENIO


“Tomar partido” de Ronald Harwood. Versión y traducción: José Lifante. Pepa Sarsa. Dirección: Luis Maluenda. Reparto: Pedro Civera. José Lifante. Pepa Sarsa. Marisa Lahoz. Luis Muñiz. Guillermo Montesinos. Escenografía: Ricardo Rando. Vestuario: G. Salaberry. Madrid. Teatro Fígaro.

El dramaturgo británico Ronald Harwood respira en su obra un gran amor y conocimiento de las artes del espectáculo. Si en “La sombra del actor” indagaba sobre la condición frágil y mudable del intérprete dramático, en “Tomar partido” revuelve los conflictos que conlleva para un artista seguir siendo el director de la Filarmónica de Berlín en tiempos de Hitler, por muy en desacuerdo que se esté con el régimen.
La mirada de Harwood no es maniquea ante un conflicto tan espinoso y tan manido como los efectos del nazismo alemán. Influido por el distanciamiento de los procesos judiciales, Harwood sitúa a sus personajes en una comisaría americana -tras el triunfo aliado- donde se están llevando a cabo una serie de interrogatorios.
El glorioso director de orquesta, (investigado por un vulgar y avieso oficial yanki,) representa el combate moral del artista frente a las tesituras históricas más críticas de su patria: la de partir, o la de quedarse, repartiendo su magisterio y su arte en tiempos adversos. La obra sondea temas como el compromiso de un genio con su público, la espinosa independencia del arte frente a la política, e incluso la dudosa capacidad redentora de la bondad, sobre las acciones irreparables.
“Tomar partido” pertenece a un tipo de teatro que interesa al público, más que lo divierte. El proceso de sus personajes está tan bien construido en situaciones y diálogos, que el interés nunca decae, sino todo lo contrario, atrapa y apasiona. Esta fue la primera misión del teatro, la de formular interrogantes frente a grandes monstruosidades.
Bajo la acertada e invisible dirección de Luis Maluenda, toda la compañía realiza un trabajo primoroso y bien calibrado de interpretación coral. Pedro Civera da vida al comisario con más sencillez y humanidad que despreciable tiranía, lo que aumenta su verdad teatral. José Lifante interpreta a W. Furtwängler con gran dignidad y templanza. Es probablemente el mejor personaje que haya interpretado nunca el actor, y se nota que echa en ella los restos de su talento y distinción. Guillermo Montesinos presta su entrañable personalidad escénica a un músico delator, no carente de encanto. Marisa Lahoz da vida a la sensible Emi, sumisa transcriptora de los interrogatorios, y orgullosa de la música y el pueblo alemán. Pepa Sarsa interpreta a la viuda perturbada de un pianista judío, con brillantez y belleza. Y Luis Muñiz completa el reparto con presencia y nervio interpretativo.
El público aplaudió insistentemente el buen trabajo ofrecido por todos.

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