lunes, 21 de junio de 2010

ESCULTURAS DE HIELO


“Por amor al arte”. De Neil LaBute. Dirección y escenografía: Gerardo Vera. Reparto: Maribel Verdú. Juanjo Artero. Cristóbal Suárez. Beatriz Santana. Vestuario: Juan José Rodríguez. Madrid. Teatro Albéniz. 17-9-03.

El apabullante éxito de la comedia de Jasmina Reza, “Arte” ha creado escuela y casi género teatral, por lo que se ve en este “Por amor al arte” del norteamericano Neil LaBute, que ahora se presenta en Madrid con Maribel Verdú a la cabeza del reparto.
Si “Arte” ponía el dedo en la llaga de ciertos abusos del arte abstracto, y sobre sus consecuencias entre un grupo de amigos íntimos; la obra de LaBute pretende acercarnos aún más el conflicto, usando como referencia tendencias más radicales del arte contemporáneo, como el tratamiento o la intervención directa sobre el cuerpo humano como soporte artístico.
Intentar construir una comedia sobre este argumento no es tarea sencilla, porque el autor quiere conducir al público a decidir una postura moral ante la historia que se relata, y el asunto deviene bastante serio como para ser combustible de risas. La obra está representada con demasiada frialdad como para ser considerada cómica, su protagonista femenina es antipática, lineal y no tiene más contradicción como personaje que la de ser bella, siendo en realidad un monstruo potencial.
Gerardo Vera acentúa esta frialdad desde la dirección y la escenografía, con un artefacto minimalista de aséptica funcionalidad y buena factura escénica, pero no parece tener claro por dónde llevar la obra, si por una vertiente cómica o por un debate moral sobre el pantanoso territorio del arte actual. Vera confunde el ritmo con la velocidad, en su trepidante puesta en escena, que termina por desinteresar al respetable. La representación no levanta el vuelo, porque no tiene claro ni su vocación, ni su estilo, ni su destino.
El trabajo de los intérpretes está igual de desorientado. La Verdú esta bella y se mueve con soltura sobre las tablas teatrales, (que le son cada vez más familiares,) pero su trabajo no alcanza el relieve necesario para atrapar o ganarse al espectador frente a las agrias resoluciones de su personaje. Juanjo Artero está vital y optimista en su rol de vigilante de Museo, que se verá sometido a toda una serie de cambios en su vida personal, por la influencia directa de una bella artista que se ha colado en su vida y en su alcoba.
Cristóbal Suárez y Beatriz Santana dan vida a la pareja de amigos “normales” de los protagonistas, con buena presencia y profesionalidad.
El público del estreno recibió la obra con la misma frialdad que se derrocha sobre la escena. Con aplausos correctos saludaron a los integrantes de la compañía, cuando salieron a saludar.

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